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Chile: Las fuerzas de la historia

Publicado originalmente en el Diario La Opinión de California, el 25 de agosto de 2001


Patricio Zamorano

Las leyes sociales tienen una dinámica que a veces sorprende por su mágico sentido cíclico.  En Chile, por ejemplo, la gran encrucijada del presidente Balmaceda a fines del siglo XIX, atacado por un Congreso intervenido y sobornado por las empresas transnacionales que gobernaban la industria del salitre, implicó una guerra civil-empresarial que dotó de una fuerza dramática al dedo del mandatario al gatillar el arma que le quitó la vida, acto empujado por una voluntad quebrada por la traición. Una centuria después, el doctor Salvador Allende era víctima de la misma traición, la misma garra de ambición que hizo que las empresas que controlaban el cobre chileno, bajo dominio estadounidense, acudieran al Departamento de Estado para aleccionar a quienes se atrevían a reconquistar su propia casa. El presidente también prefirió morir antes de ser avasallado por los traidores.

Ahora llega desde Chile la crisis de la Concertación de Partidos por la Democracia, conglomerado que aglutinando a socialistas, democratacristianos, socialistas y radicales, negoció con Pinochet el cambio de dictadura a democracia tutelada a través de una Constitución militarista, aunque luego parcialmente modificada. Paralelo a la asunción del primer presidente democrático tras la dictadura, Patricio Aylwin, el Partido Comunista retiró su apoyo a la Concertación, acusando a la alianza de olvidar gran parte de su programa de gobierno, especialmente en lo concerniente a la necesidad de aplicar justicia a miles de violaciones a los derechos humanos, y reformar más profundamente la Constitución. Los acusó de sólo querer administrar el legado militarista.

Ahora bien, julio y agosto de 2001 vieron revueltas las aguas del conglomerado cuando el Partido Socialista concretó un acuerdo electoral con el PC, generando un cataclismo que sólo se remedio con la intervención del presidente Ricardo Lagos. Quien gritó su oposición a tal acuerdo fue la Democracia Cristiana. El partido amenazó con mil demonios si se concretaba tal medida, basándose en un falso sentido de la lealtad hacia el conglomerado. Quien lideró este berrinche que casi le cuesta la unidad a la alianza, fue también Patricio Aylwin, ahora presidente de la DC tras una crisis interna por errores de la mesa directiva anterior al inscribir a los candidatos parlamentarios.

El asunto es que este tipo de hechos y la historia prueban algo que quedó claro cuando compitieron un candidato socialista, Ricardo Lagos, y uno DC Andrés Zaldívar, en primarias para elegir al candidato presidencial: que al parecer la Concertación ha sido más que nada una alianza electoral y de repartición del poder. En esa campaña de primarias se sacaron las máscaras, y la DC fue especialmente virulenta contra Lagos, recordando la crisis de la UP (emulando a los partidos de derecha reaccionaria),  ejerciendo una campaña del terror contra los socialistas similar a la vertida por Pinochet cuando se jugó su futuro político en el plebiscito de 1988, y advirtiendo sobre la no gobernabilidad que ofrecía el PS.

Ahora, pone el grito en el cielo y presiona con una energía inusitada contra el acuerdo electoral PS-PC.

El PS ha sido uno de los partidos más perjudicados por las leyes electorales heredadas de Pinochet, y que la DC y la Concertación no han intentado cambiar en lo más mínimo. El sistema electoral binominal vigente en Chile obliga a la formación de grandes bloques de partidos, pues si una colectividad quiere ganar dos cupos de una zona en disputa, debe doblar en votación al candidato más cercano. Como eso muy rara vez sucede, los puestos se reparten entre los dos candidatos con más apoyo partidario, es decir, el Congreso es terreno de la Alianza por Chile (los partidos pinochetistas) y la Concertación. Por tanto, todos los partidos minoritarios (Partido Humanista, Comunista y otros) han quedado fuera del Parlamento. El PS ha perdido muchos candidatos por la presencia comunista, que les resta votos. La DC no se ve perjudicada por esta situación. Al contrario, el sistema binominal los había beneficiado hasta los últimos años, en que poco a poco han ido perdiendo apoyo popular. El fantasma de su ocaso los asusta y los hace frenar cualquier tipo de potenciamiento de ala izquierdista de la alianza.

¿Y qué hay sobre los ciclos? Recordemos.

Uno de los responsables del golpe de Estado fue el ala más reaccionaria de la DC. Quien tomó en sus manos la oposición contra Allende y, al mismo tiempo, la posibilidad de acuerdo o no con la UP para frenar la catástrofe que se veía venir —una dictadura sangrienta— fue nada menos que el mismo Patricio Aylwin, ferviente opositor a Allende. Una vez declarado el golpe, un amplio sector de la DC lo apoyó, y varios de sus dirigentes viajaron al extranjero a “explicar al mundo el proyecto de la Junta Militar”.

Muchos otros DC participaron en el gobierno castrense, y muchos más no sufrieron ningún tipo de persecución. Sólo quienes se opusieron siempre al golpe de Estado y defendieron a las víctimas de las violaciones a los derechos humanos, fueron perseguidos, pero fueron minoritarios. Por tanto, la historia es clara: un gobierno socialista-comunista es derribado con el apoyo democratacristiano, ésto confirmado mucho más cuando en los documentos desclasificados de la CIA este año se revela el financiamiento en dólares que recibió la DC en esos años. Luego, 17 años después, los DC se reencuentran con los mismos socialistas y comunistas y hacen una alianza política. ¿Hay una conjunción de valores férreos? ¿Comparten una visión similar de la sociedad y de la lucha por mejorar las condiciones de vida? Los DC impidieron la acusación constitucional contra Pinochet cuando se convirtió en senador vitalicio.  Muchos eran antiallendistas acérrimos, que ahora comparten supuestamente la misma bancada parlamentaria con los socialistas, partido del presidente mártir. ¿Cuántas heridas están sublimadas en bien de la mantención en el poder y frenar a la derecha, que, sin duda, sería menos sensible a los problemas sociales?

De vuelta al plano electoral, los comunistas tienen la intención de sacar dos parlamentarios, y para ello, bajaron a candidatos donde los socialistas se verían perjudicados. La DC revolvió la casa hasta que logró que Camilo Escalona, presidente del PS, se comprometiera a apoyar a los candidatos oficialistas en las áreas cedidas al PC. El mismo Escalona perdió un puesto de senador debido a los votos a la candidata comunista Gladys Marín. Pero, ¿quién entiende a la DC, a Patricio Aylwin? Al fin y al cabo, los comunistas siempre fueron los más moderados en la crisis de la UP, y los socialistas, los más agresivos. El PC apoyó mucho después la toma de armas, pero para luchar contra la dictadura que asesinaba con completa impunidad.

La propia DC en el gobierno postdictadura bloqueó muchas investigaciones políticas y judiciales contra Pinochet, y mantuvo permanente contacto con el ex dictador para mantener todo “a raya”. Apoyó privatizaciones de empresas públicas, siguiendo la línea neoliberal pinochetista. Y frente a todo, el socialismo fue bastante leal, considerando que muchos dirigentes se vieron en la triste encrucijada de, por ejemplo, defender el recuerdo de los ideales por los que sus correligionarios habían muerto, y al mismo tiempo, apoyar al gobierno para que Pinochet fuera “rescatado” de Inglaterra donde estaba arrestado, y supuestamente fuera juzgado en Chile, lo que por cierto, no se ha cumplido.

La DC lucha, al mismo tiempo, por su supervivencia, aunque ¿es posible ello cuando en su casa conviven acérrimos antipinochetistas y derechistas reaccionarios? El mismo proceso de disgregación que terminó quebrando la entereza del PRI lo está sufriendo el antes mayoritario partido chileno. Varios militantes DC se han retirado para pasar a engrosar las filas electorales de la derecha pinochetista, pero al mismo tiempo, quienes presentaron la acusación constitucional contra Pinochet a la que hacíamos referencia, fueron parlamentarios DC.

¿Es la Concertación una unidad política? Dirigentes del propio conglomerado han advertido que no, creyendo ver que, incluso, si la derecha gana en las próximas elecciones presidenciales, el conglomerado se quebrará.

Sin duda, ha dado gobernabilidad a Chile tras la dictadura, pero las propias fuerzas internas que la generaron, ahora en sentido inverso, tras una gran elipsis lenta pero lógica, amenazan con volver a su estado primigenio. Socialistas y democratacristianos juntos en una alianza ya es una paradoja según reza la historia de Chile. Muchos, que como yo, se formaron cívicamente con la Concertación, se han ido decepcionando del carácter conservador y burocrático que ha adquirido al pasar de los años, burocratizando la gestión, ensañándose la rapiña por los puestos de poder en el Estado, en el abandono de muchos ideales de justicia con los que empaparon al pueblo chileno cuando se le dijo NO a Pinochet. Si la Concertación no recupera el espíritu unitario que le dio vida, la derecha tendrá las puertas abiertas para hacerse del poder, como casi lo consiguen hace poco más de un año. Si eso sucede, se habrá cerrado un ciclo curioso, nuevamente, de la historia chilena, y la posibilidad de que tras quince años de la dictadura más brutal de la historia de Chile, los dirigentes que la apoyaron y administraron vuelvan, esta vez democráticamente, al sillón presidencial… Las fuerzas de la historia.