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Juan Gasparini: recuerdos de un sobreviviente

Publicado originalmente en el Diario La Opinión de California, el 4 de septiembre de 2000


Entrevista con el periodista argentino Juan Gasparini después de testificar en España contra Ricardo Miguel Cavallo

Patricio Zamorano Martínez, especial para La Opinión

“Pasaron 23 años y no se me ha olvidado el infierno”, dijo el periodista Juan Gasparini pocos días después de la detención en México de Ricardo Miguel Cavallo, ex “operario” de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los campos de concentración usados por el entonces gobierno militar argentino como parte de la represión que cobró la vida de decenas de miles de personas, según estimaciones oficiales e independientes.

Gasparini es un sobreviviente del ESMA y uno de los testigos que ratificó la identidad de Cavallo, el empresario argentino detenido en México bajo acusaciones de haber torturado a cientos de personas bajo, el nombre de “Miguel Angel”. Ahora se le sigue causa internacional por torturas y genocidio precedida por el juez español Baltasar Garzón.

En su relato a La Opinión de los detalles de ese proceso, el periodista se quejó de que la información que, gota a gota, está desclasificando Estados Unidos no ha ayudado al esclarecimiento de las violaciones a los derechos humanos cometidos por las dictaduras sudamericanas en la década de los 70.

La voz de Juan Gasparini suena firme desde Chile, a horas de haber llegado de España donde declaró en la causa judicial que representa el dolor de haber perdido a su pareja, Mónica Jáuregui –en el ESMA– y a toda una generación de amigos. Desde enero de 1977 estuvo en el campo de concentración de esa institución de la Armada, por 20 meses, sufriendo constantes torturas.

Ahora tiene 51 años, trabaja en Ginebra y es corresponsal para muchos diarios hispanoamericanos. Varios libros publicados avalan su trayectoria, que la dictadura no logró truncar. El puede ahora devolver la mano a muchos que claman, en su recuerdo, algo de justicia.

La Opinión: ¿En qué circunstancias fue citado por el juez Garzón?

Juan Gasparini: Yo comparecí ante Garzón por primera vez en julio de 1996 y en febrero de 1997, la segunda. Conté un poco la historia de mi secuestro como el de tantos otros de mi generación, muchos de ellos, la mayor parte, asesinados y donde algunos sobrevivimos. Conté las vicisitudes de mi cautiverio en la Escuela de Mecánica de la Armada, y como tantos testigos de aquello hemos comparecido, pues hemos creído en la viabilidad del procedimiento de Garzón. Había un militar en aquella época que se llamaba Miguel Angel Cavallo, que era un oficial operativo, como le llamaban, es decir, un señor que andaba secuestrando gente, allanando viviendas y capturando personas en 1977 y 1978. Algunos lo conocimos desgraciadamente por razones directas.

LO: ¿Cómo logró usted su libertad?

JG: Bueno, pues pasó a retiro quien era el comandante en jefe de la Armada, el almirante (Emilio) Massera, cambiaron las autoridades del campo de concentración y hubo liberación de detenidos. En 1979, Cavallo, por testimonio de otros sobrevivientes, pasó a ser un oficial de inteligencia, es decir, ya no operativo, sino encargado de torturar e interrogar a gente. El cumplió esas funciones hasta 1983 en ese campo. Después pasó a hacer lo que se llamó la tercera etapa de labores, es decir, funciones en el Centro Piloto París, una estructura que creó la Armada argentina en Francia para mejorar la imagen de la dictadura.

Entonces de aquellos 10 o 12 oficiales emblemáticos de la ESMA, un campo de concentración que hizo desaparecer a cinco mil personas, Cavallo cumplió las tres operaciones normales de los represores.

LO: Luego de estar en Francia, ¿pasó inmediatamente a la vida civil encubierta?

JG: No. El estuvo, según su legajo militar, activo en la Marina hasta el año 1990. A la salida de eso, efectivamente se dedicó a actividades empresariales que lo llevaron a su permanencia en México y que abrió la posibilidad de su detención.

LO: ¿Tiene información de cuándo llegó a México?

JG: Yo creo que fue reciente, este año, aunque su actividad empresarial era anterior. Participó en la creación de empresas en Argentina, en distintas provincias, en Mendoza, en la Rioja, en la Capital Federal, en El Salvador y en México, en el rubro de la fabricación de registros de identidad y control de automotores.

Justamente una de las recientes acusaciones, y que nunca ha sido integrada a la discusión judicial en Argentina, es el enriquecimiento ilícito de ex represores. Lo que se sabe es que, por un lado, en el campo de concentración donde estuvo Cavallo hubo un botín de guerra de unos 70 millones de dólares. Estos tipos revendían las casas y apartamentos de los secuestrados, la ropa y los enseres domésticos y 15 ó 20 años después aparecen creando empresas. ¿De dónde sacaron el capital? Es una cosa a investigar ahora. Hay una relación.

LO: ¿Usted sabe si Interpol actuó en coordinación con Garzón o sólo detuvo a Cavallo pues intentaba salir de México?

JG: No hubo actuación coordinada. Simplemente la revelación del diario Reforma motivó que Interpol tomara una medida cautelar de retenerlo y al ver que estaba requerido por los tribunales españoles hizo la consulta con la justicia española posteriormente; pero no hay una actividad coordinada, a mi entender. Da la sensación que en el caso de Cavallo había informes previos por la prolijidad con la que se actuó. Las cosas, a nivel del aparato judicial, tienen determinadas normas que respetar y una lentitud.

Con Cavallo las cosas iban bastante más lentas, pero su aparición en México aceleró el proceso. Lo que pasa es que él podía salir del país, pero las autoridades mexicanas alertadas por la prensa tomaron medidas y consultaron con el juez internacional que estaba interesado y este magistrado dijo: “Reténgamelo” mientras se concretaba la orden formal de captura y se procedía a iniciar la extradición.

LO: Versiones de prensa informaron que Cavallo se contactó, en la llamada a la que tenía derecho, con la Inteligencia Naval de la Armada Argentina, y no con su familia o su abogado. A su juicio, ¿existe algún tipo de protección corporativa aún, a 20 años de terminada la dictadura?

JG: Lo que usted acota es cierto. Yo conocí ese hecho en España. Efectivamente, un señor que hace 10 años estaba retirado de la Armada, en un momento de emergencia no llama ni a su familia, ni a su abogado sino a la autoridad naval, demuestra que sigue siendo un hombre orgánico y eso arroja una luz de sospecha sobre sus actividades actuales, pues esa actividad empresarial quizá tendría una relación directa con su participación en la represión 20 años atrás.

LO: ¿Qué siente después de tantos años frente a la posibilidad de que uno de los responsables de tanto daño a su vida y a la de sus seres queridos, esté arrestado enfrentando un proceso judicial?

JG: Nosotros sabemos que la justicia absoluta no existe, pero la justicia posible de vez en cuando sí.

Esperemos que en este caso se realice, que no exista un entorpecimiento ni político ni judicial y que este señor sea extraditado, juzgado y condenado.

LO: El gobierno del presidente De la Rúa habló primero de defender principios de territorialidad, como ocurrió con Pinochet, y luego aseguró que la defensa de Cavallo sólo sería a nivel consular, es decir, velando por el justo proceso como a cualquier argentino. ¿Qué le parece esa ambigüedad?

JG: A mí me parece que la posición del gobierno argentino es incorrecta, lo lamento. Pienso que no quiere reconocer el avance de una jurisdicción universal en el mundo y antepone el principio de la territorialidad. Esta jurisdicción universal ya ha sido reconocida completamente en lo ocurrido con Pinochet y está ocurriendo con otros militares argentinos. Pienso que el gobierno argentino debiera inclinarse ante la realidad.

LO: ¿Está en sus consideraciones ir a México si es necesario?

JG: En México no se discutirá el fondo del problema, sólo se debe resolver su extradición o no y si España es competente o no. Y si no lo es, entonces tendría que juzgarlo la propia justicia mexicana, pues el principio jurídico es que “o me lo entregas, o lo juzgas”. Yo estoy a disposición de la justicia.

Cavallo pedía que fuera deportado a Argentina, pero él mismo cayó en una trampa judicial considerando que en su país de origen él está amnistiado y nadie pedirá su traslado. Exactamente, está amnistiado, no hay posibilidades de procesarlo por nada. La justicia argentina no lo requerirá por hechos vinculados con la represión. Si mató a alguna persona por problemas domésticos o robó un auto la justicia podría pedir su extradición pero, en este caso, no.

LO: ¿Qué otros oficiales recuerda usted relacionados con su reclusión?

JG: Recuerdo al teniente de navío Antonio Pernias, los capitanes de fragata Alfredo Astiz, Jorge Radice, Alberto González Menotti, Jorge Acosta, que era el jefe del campo de concentración. También Miguel Angel Benassi, que era teniente de navío. Más o menos 10 ó 12 son los más conocidos de ese campo de concentración.

LO: ¿Todos los paraderos de ellos son desconocidos?

JG: No, teóricamente todos ellos viven en Argentina, menos Benassi que dicen que vivía en Uruguay, aunque hay informaciones que volvió al país.